sábado, 30 de junio de 2012

Es culpa suya

  Borroso. Me encanta apoyar la cabeza en el vidrio y sentir como esta me empieza a vibrar. No me gusta mucho cuando nos topamos con un bache y me termino golpeando con la ventana del trolebus. No me duele mucho, en realidad me preocupa más romper el cristal, no porque tema lastimarme, sino porque temo que todo el mundo se de vuelta para mirarme fijamente, mirar la ventana rota, volver a reposar sus penetrantes miradas en mí, y a continuación decir al unísono cual Pepe Argento con su mano llevada a la boca: "Pedazo de boludooooooo".

 Observo que al lado mío... Me olvidé lo que iba a escribir, me voy a la re mierda. Encima está se suponía iba a ser la última entrada del blog por varias semanas (trabajo en cierto proyectillo demasiado desafiante, significativo y gratificante como para relegarlo a segundo plano; plano donde nada nunca sucede), por lo que iba a ser de lo más emocionante para todos mis lectores que no superan el cero,  jajaja, mentira, si tengo un lector... yo (cuando me aburro suelo leer este blog para reírme del pobre idiota que escribe todas estas boludeces).

 Adiós.

miércoles, 27 de junio de 2012

Transmitiendo en diferido

-...dijo "Pucho", y echó a correr.
-Es una historia de lo más interesante pero...
-Quedé solo, rodeado de cuervos que no hacían más que mirarme, con sus ojos que parecen tragarse la luz.
-... pero deberé cortarte la cabeza lo mismo.
-No supe que hacer. Si moverme o quedarme quieto; si seguir mirando o cerrar los ojos; si llorar o gritar; si caer muerto o hacerme bolita... que graciosos esos bichitos, ¿no?
-Llevás hablando más de horas sobre lo mismo. No des más vueltas por favor, tengo un trabajo que hacer y necesitaré de toda la cooperación posible...
-Al final me rendí ante la eterna quietud física y mental. Es que si uno sigue pensando a igual intensidad que el corazón, eventualmente termina repercutiendo en sus manos y en su rostro... lo descubrí hoy mismo, ¿sabe?
-Eso es muy interesante, pero no puedo evitar pensar que me está tomando por un idiota pomposo. Por favor, limítese a callarse y dejar que mi hermosa hoja separe su lastimosa cabeza de su cuerpo.
-(silencio)
-¡Excelente! Sabía que entraría en razón. Ahora, si me mira a los ojos de esta forma, todo termin-
-¿Le conté lo qué me pasó hoy? Es una historia de lo más hilarante, confusa y quizás triste para algunos.
-Por dios no... Aquí vamos de nuevo...
-Ella dijo "Pucho", y echó a correr.
-¡JESUCRISTO Y LOS SANTOS EVANGELIOS! ¡COMO LA DISFRUTÁS HIJO DE PUTA!
-Quedé solo, rodeado de cuervos que no hacían más que mirarme, con sus ojos que parecen tragarse la luz.
-(empieza a llorar desconsoladamente)
-No supe que hacer. Si moverme o quedarme quieto; si seguir mirando o cerrar los ojos; si llor-
-(se autocorta la cabeza)
-(se sorprende levemente, algo irritado) ¡Típico! Típico de estos psicólogos de la New Age. Más vale que ni piense en que le pague la sesión que no llegó ni siquiera a la hora.

 Saliendo del lugar, se encuentra con una persona de similar estatura y contextura.

-¿Me puede decir la hora? (todavía algo exaltado).
-¡Como no! Son las 10 de la tarde.
-Gracias.
-¡No hay de que!
-(se vuelve sobre sus propios pasos con media sonrisa en el rostro) ¿Le conté lo qué me pasó hoy? Es una historia de lo más hilarante, confusa y quizás triste para algunos.
-Pues... creo que no. De hecho es la primera vez que le-
-Ella dijo "Pucho", y echó a correr...

lunes, 25 de junio de 2012

El submarino se sumerge, pibe

 ¡Míralos! ¡Tan libres ellos! ¡Si tan sólo supieran que tan valiosa es su liviana libertad! Incluso para el más obeso de ellos va todo lo que les digo. El alto debería encontrar, también, gran regocijo en mis sinceras palabras. ¡Oh! Como los envidio señores. Los veo pasar a mi lado y no puedo evitar esos pensamientos de arrojo para con mi carga. Quiero simplemente soltar todo y que los pisos que reposan bajo mis pies, se hundan tragando todo lo que me aqueja (por lo que es preciso alguna especie de soga salvadora para yo no sucumbir también).

 El desgarro es inminente, no intentes negarlo. Las venas comienzan a hincharse; los músculos pierden su entereza y no son más que pan mojado. Es una lástima que no haya leche y chocolates. ¡¡Llegó el invierno!! El frío me enamora y me atrae... Pero hay que seguir caminando, olvidando y removiendo cualquier tipo de queja. ¡Sea hombre carajo! ¡Acá no está su mamita para salvarlo, ni pa' llevarle ese trasto por usted! ¡Su sangre cuenta con usted! No afloje el paso o lo mando a fusilar pibe.

 Lo más normal del mundo hasta el 82. Vamos re rápido, pero es por lo impar del camino. Un pasillo sin fin, y los números distan de acabar. Mi mano no puede esconder lo que mi cara si. Aún así, la satisfacción aunque tardía, ha llegado por fin. Mis muecas son sólo muestras de fanfarronería hacia los vidrios (temo trompadas de seres vivos si los llegara a mirar). Es todo un engaño; mis pies se han adelantado tantas veces entre ellos, que en breve moriré. Tantas cosas que quería decir... espero que Eterdeo halle seguridad, facilidad y madurez en sus dichos. ¡Adiós hermoso y cruel mundo! Adiós hermosa y loca vida; Q-------.

 -Tiene rueditas ehh.
 -(sonríe y ríe entre dientes) Que hija de puta... (sigue ríendo con cara de maníatico)

lunes, 18 de junio de 2012

 Tenía tantas cosas para escribir, pero no dispongo del tiempo para concretarlo. Me voy y no vuelvo hasta dentro de algunos varios días. Amo a todos y cada uno de los robots que visitan regularmente esta página en busca de pornografía infantil (excelente trabajo por cierto, Google) y me despido hasta la próxima con una frase que me ha hecho alegrarme la existencia de manera trascendental:

    “Es el último día de escuela, Milhouse. Ten un poco de dignidad”

 No sé porque me ha hecho reír tanto. A lo mejor me recuerda mucho a como un amigo que solía tener me trataba, jaja. No me quejo, soy un inmaduro total muchas veces, ¡y me encanta! O quizás también es por ella. No lo sé...

Adiós, nos vemos en Luján.


domingo, 17 de junio de 2012

Espera

 La pared se vuelve oscura contra mi espalda. No deja respirar ni levantar; es la prisión del impaciente. El tiempo ralentiza su peso y no da lugar a risas, sino a gritos deformes e inentendibles. Todos se escuchan como demonios y sé que me observan. Por alguna razón se quedan mirándome, quietos, reprochándome algo pero no sé que.

 Estalla una lucha encarnizada que parezco vencer. El barro se rompe detrás de mí, y los cantos angustiosos de los guardianes alarman al mundo. "¡No debe escapar!". Los oídos me sangran y empiezo a vomitar papeles y letras. Las risas se amontonan a forma de coro, y las caras se vuelven borrosas mientras se alejan. Mi cuerpo cae abatido.

 He perdido las pastillas... de nuevo.

lunes, 11 de junio de 2012

Porque nada bueno puede salir de decisiones rosas

 No voy a comenzar este relato diciendo que mi vida es una mierda, porque si me pongo a pensar más de dos segundos, podré darme cuenta que hay gente que la tiene mucho peor y mucho más jodido que yo. Es por eso mismo que siempre me he mostrado humilde en ese sentido, y a la vez muy realista: siempre va a haber alguien mejor que vos, pero tené por seguro que también va a haber alguien peor que vos. Es algo puramente matemático. Vivimos en un planeta con alrededor de siete mil millones de seres humanos, por lo que encontrarse con el más afortunado y el más desdichado -mucho menos tener la fortuna o desgracia de ser una de esas dos personas- resulta algo virtualmente imposible. Sin contar encima con los requisitos a cumplir, que por supuesto serán de lo más variado.

 Permítaseme entonces decir que ahora mismo me siento muy mal, de lo peor. No físicamente, no gracias. Sino un dolor interno, mental. Esos que se asemejan a un fuego que arrasa con todo a su paso, extinguiendo irónicamente mis ganas de seguir viviendo entre tanta hipocresía. Tanta traición, tanta indiferencia.

 Mi padre grita y azota las puertas. Está enfadado con mi hermana. Ella quiere salir de este lugar solitario y melancólico, no quiere saber nada sobre quedarse religiosamente todas las noches. Y está bien, es joven y quiere vivir la vida mientras puede. Pero a mi padre esta se le escapa por los ojos que veo cada mañana cuando despierto; cada vez que tose me doy cuenta que el tiempo se le agotó y se encuentra ante los portones de la nada. Trato de no pensar en ello; me siento una mala persona cada vez que lo hago -y todavía hay gente que se atreve a catalogarme de "buen chico". Que no te confunda este velo de gracia que me cierne ante la mirada iracunda de todos, por favor, sos mejor que todos ellos juntos-. El ruido me afecta de sobremanera. Produce en mi corazón palpitaciones cada vez mayores, con mucha intensidad. No azotes la puerta, y no grites por favor, esta vez no me siento bien para todo tu odio.

 Pero no estoy mal por el intercambio de palabras estruendosas, estoy mal porque he cometido el mayor error de mi vida. Siempre estoy a punto de cometer estos errores, pero esta vez lo concreté. Esta vez se dio, y por más que trate de ver el amanecer al siguiente día, me encuentro con capas de oscuridad de nunca acabar.


- Soy bisexual.


 Estoy completamente solo en estos momentos. Ahora verdaderamente sé lo que es la soledad. Mis ojos se liberaron y ahora veo con claridad quienes eran conmigo, y quienes eran con ese mío.


sábado, 9 de junio de 2012

El frío de la noche

 Anoche me quedé hasta las cuatro de la mañana tirado en un sillón de mi casa, escuchando la radio. Estaba vestido, tapado con un rompevientos para combatir mejor el frío. Vivo en una casa helada; la calefacción es precaria o nula la mayor parte del tiempo, además de extremadamente inestable y por ende peligrosa.

 Con mis oídos prácticamente alcanzando la gloria, me dispuse a cerrar los ojos y volar por el espacio exterior. Y eso es lo que pasa cuando los ojos ya no ven; la oscuridad reina y miles de millones de estrellas se pueden ver pero no observar en la negra inmensidad de la nada.

 Tuve una pesadilla, de lo más horrible. No contaré como fue, porque es escabrosa. Ni en los más negros pensamientos de mi alma podría yo haberme imaginado algo así, pero en los sueños no hay imposibles. Mi némesis y mi elixir estaban en el. Eterdeo y Queameilea. Yo miraba, al principio lo permitía, pero pasaba el tiempo y no pude contener la muerte. Como la vista hacia el abismo, como un edificio en llamas cayendo por el precipicio de nuestra tempestad resonante. No supe que hacer. Intenté en vano detener todo eso, pero sólo pude recostarme contra una pared y llorar. Llorar con la impotencia de no hacer nada, de no poder luchar con las órdenes que yo mismo me había impuesto en un arrojo de moralidad y principios que me han forjado en esta vida. Yo fui quien dijo que no me afectaría en nada, porque ella es sólo azul, como yo. Pero no pude quedarme quieto, no pude resistirlo, aguantarlo, asimilarlo, aceptarlo, comprenderlo. Al final me di cuenta que a todos les importaba nada mi estabilidad frente al todo que nos rodea y nos une.

 Desperté al compás de una bella canción, con cenizas en mi boca, y veneno en el aire. El frío me había congelado los pies y las manos. No sentía la nariz, y los labios estaban secos y quebrados. Mis ojos no podían ver nada y sólo quise saltar de allí. Hice como si nada hubiera pasado, apagué la radio y me fui a dormir a una cama de verdad, todavía vestido.

 Cuando abrí los ojos ante la luz de la mañana, volvieron los recuerdos de anoche. Volvió la promesa de premonición, y me asusté como nunca en mi vida. La espalda estaba tan transpirada, que la sed se apoderó de mí. Justo ahí, me di cuenta, de que no puedo ser su amigo. No para siempre... Es ella o es el filo (el olvido no quiero).

jueves, 7 de junio de 2012

No sé que mierda es todo esto

 No sé que escribir. Ni siquiera sé si tengo que escribir, pero como alguna vez supe decir, escribir me calma. Y en estos momentos escribir es lo único que puede salvarme; estoy sólo en estos momentos. No tengo nadie a mi alrededor, mi madre me habla mientras escribo esto. No sé de que me habla, tampoco me interesa. Nada me interesa en estos momentos, ni siquiera Queameilea. Ella estaba tan feliz, sus risas, la sinceridad en su voz, su alegría, eran auténticas y reales. ¿Por qué vienen cada vez que está así? ¿Soy realmente una mala persona, no? ¿Qué tan egoísta puedo ser para no sentir la felicidad en su voz, y sentirme bien por ello? Todo lo contrario, me parecen dagas a mis oídos.

 La música suena y tampoco puede ayudarme. No puede hacerlo si ni siquiera sé porque estoy así. El médico necesita saber que pasa. "Dale el brazo" me dicen... No puedo, no quiero hacerlo. Me gusta estar así, es como verdaderamente soy. Lo demás es una farsa que me he armado, y que me creo. A veces puedo salir de ella y ver a través de la muerte y la niebla, la puta realidad; que soy un payaso. Un payaso que causa risa, pero de lástima. Que causa lágrimas, pero por lo malo que es. Un payaso de mierda, con cara de naipe.

 No siento el Sol en la piel de mi cuerpo, lo prohíbo. La comida sabe a cenizas, a polvo. Los aromas son pestilencias de un viejo libro que nunca leí. La vista solo me regala dolor y ausencia. Creo que me encontré al final de la montaña, en un paraje derruido y estrellado. No quiero volver de nuevo, aunque sé que es inevitable. No quiero verla de nuevo, pero la vida se me escapa. Es mi droga, la he tomado sin su permiso, y ahora me vienen a buscar para encerrarme.

 Sos un tipo afortunado. Poder sentirla como nadie más, debe ser lo más gratificante que este mundo puede darnos. Sentir su calor junto al tuyo. Verla cada amanecer, y compartir cada puesta de Sol. Pero olvídate del Sol. Sus ojos te guiarán, porque lo que ella tiene en ellos es luz pura. No la pierdas, te podés ir bien a la mierda si lo hacés.

 Tengo frío a toda hora. Pero me gusta sentirlo, así me doy cuenta que el calor es bueno después de todo.

 Seguiré tu consejo y lo haré. Todo se lo llevará el diablo, pero si en verdad eras sincera, no debería haber problemas... Sino, puedo desaparecer por vos. Dejar de escribir por no estar presente.

 Venía tan bien, pero imaginarte fueron miles de cristales frente a mis ojos. Todos desangrándome en una marea de locura. No quiero escribir esta mierda, pero tengo que hacerlo para descargar todo y empezar un nuevo día. Las ganas de vivir se me esfuman como el calor en la noche.

sábado, 2 de junio de 2012

Juraría haber visto esto antes... ¡Con que autoplagiándome!

 Caminado por la calle me siento en la necesidad de ser un dios cada vez que alguien me pide ayuda. Pero uno de esos dioses que no le gusta para nada la bola de súbditos que le adoran (sé de buena fuente que a Vulcano siempre le dio en el forro de las pelotas que la gente levantara templos en su honor) y trata de escapar de ellos cada vez que se le aparecen en la cara, escupiendo lamentos y pedidos de socorro. Si yo fuera un dios, sería el mejor de todos, ya que me comportaría como Dios (valga la redundancia) manda. Un ser tan groso, poderoso y soberbio que nunca repararía en la plebe inferior que acaece en sus pies. Es más, ni siquiera le importaría pisarlos como simples hormiguitas (costumbre que muchos humanos no prestan atención a la hora de estropear filas de estos bichitos cargando comida para el crudo invierno que se les avecina). Es todavía mucho más, los consideraría simples hormiguitas directamente. Ya no son seres humanos, perdieron ese título en el momento que pisé demasiados de ustedes.

 Aun así, las razones que expuse anteriormente para pertenecer a la larga casta de Dioses de la Tierra, no supondrían nada ante mi mayor problemática al respecto:  soy un inútil. En serio, no podría ser ninguna especie de dios. Ni siquiera le llegaría a los talones del boludito de Mercurio (este por lo menos  era un excelente cartero). Y es porque no destaco en nada. No puedo ser un dios si no tengo ninguna habilidad especial. Hay dioses que te destruyen emocionalmente con su mera presencia, hay otros que les encanta molestarte (tarea en la que se desempeñan de manera notable), casos hay también de dioses que no hacen más que dar ejemplo de lo que no se debe hacer. Pero yo no sirvo de nada. Soy algo inerte entre todos ellos. Una roca tendría muchas mas habilidades que yo, y seguramente ejercería su cargo con creces.  Ereusea se llamaría la muy hija de puta, y podría patearme el culo cuando quisiera. En una discusión con ella, simplemente Ereusea se haría con la razón por su toda sabia quietud física y mental. Mi vergüenza no podría ser mayor, y terminaría arrojándome cuesta abajo del Monte Olimpo por mis propios medios.  “Oh!, ¡Como te odio Ereusea!”  injuriaría mientras me pierdo por debajo de las nubes.




- ¿Sabe donde queda el Rapipago joven?

 No puede ser. Solo quiero llegar a mi casa lo más rápido posible, entrar y dejar detrás de mí el efecto de un portazo, dedicado al hermoso día que pasé. Pero no, debo detener mi toda gratificante pero rutinaria marcha para escuchar los ruegos de una dulce abuelita.

- Si.

 Pero el verdadero problema ocurre cuando me doy cuenta de la horrible verdad: no sé donde queda el tan dichoso Rapipago. No sé porque lo hice. Un "no" habría sido lo mas indicado, pero ella se dirigió con tanta educación a mi persona que no podía decirle que no, y dejarla a merced de los lobos sedientos de sangre que la esperarían a la vuelta de alguna esquina. Aunque si me hubiera pedido asistencia de mala forma lo mismo le habría dicho que sí; temo por las posibles represalias de una abuelita con malos modales (en serio, si así se dirige a la gente de primera, no quiero imaginarme su persona si esta no satisface sus terribles deseos).

 Empiezo a titubear, no puedo decirle que no sé donde queda el lugar. No ahora, no después de haber respondido afirmativamente de entrada, con esa confianza que me garantiza el orgullo en el pecho de saber algo y tener la oportunidad y el honor de decirlo a las cuatro voces. Porque no fue un “si” cualquiera, fue el “SImás épico que este asqueroso y mediocre mundo tuvo el regocijo de escuchar en su paupérrima existencia. Además, tengo todas las de perder: se nota que vengo del colegio y mi casa queda cerca, por lo que NO conocer este lugar, y NO conocer donde queda el Rapipago sería de los mas extraño (no puedo explicarle a cada ser que me pide indicaciones de lugares que tendría que conocer, que soy una persona que no sale ni al quiosco de la esquina, por ende, no me jodas y no me mires con cara de “que bosta que sos” porque la verdad es que no puedo ayudarte, mi cabeza no dispone de tales coordenadas, proba con la siguiente persona cara de naipe que te encuentres, gracias y que te vaya bien en la vida).

 Me dispongo a ganar algo de tiempo dando vuelta mi cabeza en dirección contraria del rostro de la dulce abuelita. Levanto el brazo izquierdo (el derecho lo levanto para indicaciones exactas, el otro es para indicar probables o para estos casos en específico) y extiendo mi mano junto con el dedo índice cual flor en primavera al ver el sol de todas las mañanas. Empiezo a mover el dedito de fama botona en movimiento indeciso, pero no demasiado, no quiero que ella piense que no sé donde queda el Rapipago; esto ya es una cuestión de orgullo personal y no pienso escapar a las tareas que me aquejan. ¡No temas desconocida de pelo plateado, Malidad esta aquí para acallar tus ruegos! ¡Lo que quizás no este tan claro es si podré ayudarte de verdad, o sólo conseguiré extraviarte en la Jungla de Cemento!

- Ehhh… Mmmm…  Si. Bueno. (Lo siento abuelita, pero situaciones desesperadas requieren de medidas drásticas). Está por allá.

 “Está por allá”. ¡Demonios Watson, serás la ruina de esta pobre mujer!

- ¿Allá donde jovencito?

No puedo ser tan patético.

- Allá, al lado de ese edificio.
- ¿Cuál edificio?
- Ese que está al lado de ese otro, el cual yace al frente del automóvil que está cerca de la bicicleta con el asiento curvado.
- ¿Usted dice el que está allí?
- Precisamente. (Ni puta idea la verdad)
- ¡Muchas gracias! Ojalá todos los chicos de su edad fueran tan atentos como usted. Tan educados y respetuosos.

 Cada palabra es una abofeteada a mi humanidad, pero una caricia para mi crueldad, a mi vileza.

 No puedo dejarla ir de esa forma. La devorarán, y yo habré sido el responsable. Su cara, sus cabellos me perseguirán por las noches. La almohada será solo estadio de penurias. Y el suicidio sería un elemento contemplativo en el día a día.  Atino a gritarle algo antes de que se aleje demasiado como para no oírme.

- ¡¡Ante cualquier duda, pregunte a los transeúntes!!

 Acabo de hacer mi buena acción del día, a medias, pero algo traté de hacer para ayudar al prójimo. Me siento bien conmigo mismo y con todos los seres humanos que viven en el mismo planeta que yo. Creo que tal portazo no será nunca llevado a cabo… En eso veo venir una especie de águila gigantesca. Con patas y garras todavía mas enormes; con sus alas desplegadas en vuelo rasante. Y ZAS!, se lleva a la dulce abuelita de cabelleras platinadas y expresión senil. No puedo seguirla con la vista, no porque sintiera terror al igual que todas esas personas que veían semejante espectáculo morboso, sino porque el águila volaba en dirección al Sol que caía por la tarde. Mis ojos se encuentran y batallan con los rayos solares una lucha imposible de ganar y que siempre resulta en este par de huevos maricones llorando. Y yo pasando vergüenza no es buena imagen para Malidad.

 Sigo mi camino a casa pensando intensamente en los acontecimientos de esta tarde. Trato de consolarme auto convenciéndome de que la dulce abuelita conocía al águila, y esta sólo se la llevó al nido de su amor eterno. Había entendido todo mal, no era “muerte alada” lo que ví, sino, “amor estrepitoso”.

 Aun así los días pasan y no la he vuelto a ver.  No puedo evitar sentirme culpable.