lunes, 11 de junio de 2012

Porque nada bueno puede salir de decisiones rosas

 No voy a comenzar este relato diciendo que mi vida es una mierda, porque si me pongo a pensar más de dos segundos, podré darme cuenta que hay gente que la tiene mucho peor y mucho más jodido que yo. Es por eso mismo que siempre me he mostrado humilde en ese sentido, y a la vez muy realista: siempre va a haber alguien mejor que vos, pero tené por seguro que también va a haber alguien peor que vos. Es algo puramente matemático. Vivimos en un planeta con alrededor de siete mil millones de seres humanos, por lo que encontrarse con el más afortunado y el más desdichado -mucho menos tener la fortuna o desgracia de ser una de esas dos personas- resulta algo virtualmente imposible. Sin contar encima con los requisitos a cumplir, que por supuesto serán de lo más variado.

 Permítaseme entonces decir que ahora mismo me siento muy mal, de lo peor. No físicamente, no gracias. Sino un dolor interno, mental. Esos que se asemejan a un fuego que arrasa con todo a su paso, extinguiendo irónicamente mis ganas de seguir viviendo entre tanta hipocresía. Tanta traición, tanta indiferencia.

 Mi padre grita y azota las puertas. Está enfadado con mi hermana. Ella quiere salir de este lugar solitario y melancólico, no quiere saber nada sobre quedarse religiosamente todas las noches. Y está bien, es joven y quiere vivir la vida mientras puede. Pero a mi padre esta se le escapa por los ojos que veo cada mañana cuando despierto; cada vez que tose me doy cuenta que el tiempo se le agotó y se encuentra ante los portones de la nada. Trato de no pensar en ello; me siento una mala persona cada vez que lo hago -y todavía hay gente que se atreve a catalogarme de "buen chico". Que no te confunda este velo de gracia que me cierne ante la mirada iracunda de todos, por favor, sos mejor que todos ellos juntos-. El ruido me afecta de sobremanera. Produce en mi corazón palpitaciones cada vez mayores, con mucha intensidad. No azotes la puerta, y no grites por favor, esta vez no me siento bien para todo tu odio.

 Pero no estoy mal por el intercambio de palabras estruendosas, estoy mal porque he cometido el mayor error de mi vida. Siempre estoy a punto de cometer estos errores, pero esta vez lo concreté. Esta vez se dio, y por más que trate de ver el amanecer al siguiente día, me encuentro con capas de oscuridad de nunca acabar.


- Soy bisexual.


 Estoy completamente solo en estos momentos. Ahora verdaderamente sé lo que es la soledad. Mis ojos se liberaron y ahora veo con claridad quienes eran conmigo, y quienes eran con ese mío.


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