Borroso. Me encanta apoyar la cabeza en el vidrio y sentir como esta me empieza a vibrar. No me gusta mucho cuando nos topamos con un bache y me termino golpeando con la ventana del trolebus. No me duele mucho, en realidad me preocupa más romper el cristal, no porque tema lastimarme, sino porque temo que todo el mundo se de vuelta para mirarme fijamente, mirar la ventana rota, volver a reposar sus penetrantes miradas en mí, y a continuación decir al unísono cual Pepe Argento con su mano llevada a la boca: "Pedazo de boludooooooo".
Observo que al lado mío... Me olvidé lo que iba a escribir, me voy a la re mierda. Encima está se suponía iba a ser la última entrada del blog por varias semanas (trabajo en cierto proyectillo demasiado desafiante, significativo y gratificante como para relegarlo a segundo plano; plano donde nada nunca sucede), por lo que iba a ser de lo más emocionante para todos mis lectores que no superan el cero, jajaja, mentira, si tengo un lector... yo (cuando me aburro suelo leer este blog para reírme del pobre idiota que escribe todas estas boludeces).
Adiós.
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