domingo, 17 de junio de 2012

Espera

 La pared se vuelve oscura contra mi espalda. No deja respirar ni levantar; es la prisión del impaciente. El tiempo ralentiza su peso y no da lugar a risas, sino a gritos deformes e inentendibles. Todos se escuchan como demonios y sé que me observan. Por alguna razón se quedan mirándome, quietos, reprochándome algo pero no sé que.

 Estalla una lucha encarnizada que parezco vencer. El barro se rompe detrás de mí, y los cantos angustiosos de los guardianes alarman al mundo. "¡No debe escapar!". Los oídos me sangran y empiezo a vomitar papeles y letras. Las risas se amontonan a forma de coro, y las caras se vuelven borrosas mientras se alejan. Mi cuerpo cae abatido.

 He perdido las pastillas... de nuevo.

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