La pared se vuelve oscura contra mi espalda. No deja respirar ni levantar; es la prisión del impaciente. El tiempo ralentiza su peso y no da lugar a risas, sino a gritos deformes e inentendibles. Todos se escuchan como demonios y sé que me observan. Por alguna razón se quedan mirándome, quietos, reprochándome algo pero no sé que.
Estalla una lucha encarnizada que parezco vencer. El barro se rompe detrás de mí, y los cantos angustiosos de los guardianes alarman al mundo. "¡No debe escapar!". Los oídos me sangran y empiezo a vomitar papeles y letras. Las risas se amontonan a forma de coro, y las caras se vuelven borrosas mientras se alejan. Mi cuerpo cae abatido.
He perdido las pastillas... de nuevo.
Estalla una lucha encarnizada que parezco vencer. El barro se rompe detrás de mí, y los cantos angustiosos de los guardianes alarman al mundo. "¡No debe escapar!". Los oídos me sangran y empiezo a vomitar papeles y letras. Las risas se amontonan a forma de coro, y las caras se vuelven borrosas mientras se alejan. Mi cuerpo cae abatido.
He perdido las pastillas... de nuevo.
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